Cuando se miró al espejo, una mujer encadenada lo observaba. Sus rasgos finos develaban una hermosa creatura. Tomó el labial de su hermana y de un rojo vivo pintó sus labios. Ensayó su mejor sonrisa y besó al adolescente que refractaba la imagen.

La música lo volvía leve, con ella olvidaba su prisión y se liberaba. Aprendió a bailar observando los videos de Michael Jackson, Thriller era su favorito. Se sabía todos los pasos y en el concurso intercolegial de porristas, enseñó todos los movimientos a sus compañeras, gracias a él habían ganado el primer lugar. Su hermana melliza se llamaba Flor, tenía 15 años y el mejor rostro de la familia Toro. Cuando eran bebés la gente los confundía. Julián siempre quiso tener las muñecas de su hermana. Envidió la cocinita con los pequeños platos y vasos que en navidad le habían regalado. Él recibió un carro grande de color negro con el que nunca jugó. Doña Marina, su madre, aún conserva el juguete en el cuarto de los reblujos.

Se sabía todos los pasos y en el concurso intercolegial de porristas, enseñó todos los movimientos a sus compañeras, gracias a él habían ganado el primer lugar.

En la adolescencia, la realidad la construyen los sueños. Julián soñaba con llamarse Juliana y llegar a ser la mejor bailarina del mundo. Ganaría muchos concursos, entre ellos el Campeonato Mundial de Salsa que se celebra en la ciudad de Cali. Cursaba el décimo año de secundaria. En el grupo de teatro del colegio iban a representar el mito de Perseo. El profesor, en una tarde lluviosa, narró su historia:

—Perseo, ayudado por su padre, derrota a un monstruo llamado Medusa que tenía en el cabello venenosas serpientes y lo que miraba se convertía en roca. Perseo quería rescatar a Andrómeda, una mujer hermosa que iba a ser sacrificada a un titán del mar. Para lograrlo, el héroe corta la cabeza de Medusa y transforma al titán en roca—. Desde que escuchó el relato le fascinó, leyó una y otra vez el mito. El personaje que más le gustaba era Andrómeda. La imaginó a la orilla del mar, atada con grandes cadenas, en espera de su destino fatal o de un héroe que pudiera cambiar la historia. Julián solicitó al profesor de teatro actuar en la obra. El casting para representar a los personajes era un lunes, faltaban dos días, tiempo suficiente para pedir el papel de Andrómeda.

«¿Puede un ser humano cambiar su sexo?, ¿dónde encontraré un Perseo que rompa mis cadenas?», se preguntó, llorando en la habitación después de saber que su hermana Flor, la joven más bella del colegio, ensayaba para pedir el papel de Andrómeda. El único personaje que le dieron fue el del titán, debía salir con una máscara terrorífica y atacar a Andrómeda. El papel de Perseo lo haría Felipe, un joven con cara bonita y ojos azules, del cual su hermana adnromeda estaba enamorada.

 Aquellos días fueron difíciles para Julián. Iba al colegio en las mañanas y en las tardes regresaba para ensayar la obra de teatro. La relación consigo mismo y con los demás se hizo dificultosa. No entendía por qué le daban ganas de ponerse la ropa interior de su hermana y de usar su maquillaje. Cierta noche, Flor notó que faltaban en el ropero sus tangas pequeñitas de color blanco. Eran sus preferidas y las buscó por cielo y tierra. Empujó la puerta del cuarto de Julián para preguntar si por casualidad las había visto y miró a la persona más parecida a ella con sus tangas puestas, Julián bailaba una danza árabe:

— ¡Eres marica! ¡Mamá Julián es marica venga para que vea!— gritó

—No llame a mi mamá, sólo estaba ensayando con esto puesto. Vea aquí las tiene. No diga nada por favor hermanita, perdóneme, no la llama

— ¿Usted cree que va hacer mujer? Malparido marica, pues le tocó ser hombre. Mire como me dañó las tangas ¡Mamá venga rápido!

— ¿Qué es lo que pasa aquí, usted por qué está desnudo?—dijo la madre al entrar al cuarto.

—Mamá, resulta que Julián es marica. Mire se puso mis tangas y hace rato viene usando mis cosas. Es marica mamá, solo que le da pena decirlo.

Julián se cubrió el rostro y lloró, mientras su madre lo insultaba. Le dijo palabras tan ofensivas que las recordaría hasta la noche de su muerte.

«¿Puede un ser humano cambiar su sexo?, ¿dónde encontraré un Perseo que rompa mis cadenas?», se preguntó.

La memoria jamás olvida las palabras que nos hieren, las esconde y las revela para atormentarnos. Los meses pasaron lentos e iban mostrando un Julián diferente. Desde la disputa con su madre, no hablaba casi con nadie. Alejó a sus viejos amigos que en el colegio tenían fama de maricas por miedo a que su hermana le contara algo a su madre. Seguía ensayando el papel de titán para la obra. Su mayor distracción era bailar. Se ponía los audífonos y miraba los videos de Michael Jackson, realizaba todos los pasos del Rey del pop. En las noches soñaba con irse de la casa y empezar una nueva vida. Tenía una tía en la ciudad que era dueña de un supermercado, alguna vez que fue a visitarlos, le dijo que en vacaciones o cuando terminara la secundaria podría ir y trabajar con ella. Siempre la quiso, era la única familiar que tenía por parte de su padre, a él, jamás lo conoció.

Un miércoles en la tarde, tomó la decisión después que su madre les viera puesto a él y a su hermana los trajes para la obra. Flor lucía atractiva con una pequeña falda que mostraba el culo. Julián tenía un traje negro ajustado que le apretaba los testículos y una máscara de monstruo. Cuando las dos mujeres lo vieron no pararon de reír. El joven, al escuchar sus carcajadas, las hijueputeó en silencio. Esa misma tarde llamó a su tía y le dijo que deseaba vivir con ella. Con una seguridad que lo sorprendió, le contó los sentimientos confusos que lo embargaban, sus deseos reprimidos de usar labial y ponerse las tangas de su hermana. Lloró sin avergonzarse y se liberó de su pesadez. La tía lo escuchó en silencio y al final rió, rió tanto que Julián pensó en colgar. —No te preocupés mi amor, aquí podés venir y quedarte. Además en el supermercado no vas a trabajar con el culo, ¿o sí?—dijo y el mundo de Julián volvió a ser color de rosa.

El día de la presentación de la obra llegó, y Julián estaba listo para hacer historia. Daría una sorpresa tan grande que los estudiantes, los profesores, su madre y sobre todo su hermana no olvidarían jamás. Cuando abrieron el telón salió Flor con la pequeña falda que mostraba el culo y una blusa corta que dejaba entrever unos senos maduros y firmes. Perseo lucía una túnica blanca y sobre la cabeza una corona de laureles. Comenzaron los diálogos y el corazón de Julián latía fuerte. El profesor tocó su hombro indicándole la hora de entrar. El escenario estaba lleno. Julián vio por los agujeros de la máscara a su madre, que junto con muchas personas sonrieron a su entrada. Se paró justo en frente de la tarima. Perseo y Andrómeda se le acercaron siguiendo los diálogos de la escena, pero Julián tenía su propio acto. Se comenzó a desvestir y la gente enmudeció al observar su cuerpo delgado cubierto solo por las tangas blancas de su hermana. El aliento de su madre y de Flor se detuvo. El profesor de teatro se quedó mudo. El auditorio se congeló en el asombro. Después de quitarse la horrible máscara miró desafiante a su madre y al público. Con una mano tocó su pene e hizo el movimiento pélvico de Michel Jackson. Luego se detuvo —Soltarse de las cadenas, liberarse, ese era el sueño de Andrómeda— gritó con toda la potencia de su voz. Sus palabras enmudecieron el auditorio. El primero en aplaudir fue el profesor que salió detrás del escenario. Las personas lo siguieron batiendo las palmas en júbilo con tanta fuerza, que en el teatro aún se escucha el eco de los aplausos. La madre de Julián vio a su hijo avanzar en medio de una multitud eufórica que lo felicitaba. El joven caminaba seguro y sonriente, luciendo con orgullo las tangas que ahora le pertenecían.

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